Helena Costa

 

Inicio

Biografía

Beatificación y Noticias

Estampas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Testimonio de Helena Costa Carrera
Milagrosamente curada por la intercesión de Sor Patrocinio

Transcripción  de los relatos orales de Helena Costa, durante los días 16 al 26 de mayo de 2009.
Lo escrito entre paréntesis son datos añadidos.
Se ha mantenido en lo posible el mismo estilo verbal y algunas repeticiones.

Quiero comenzar mi explicación de lo vivido en estos últimos meses, en los que  he sufrido una operación de colocación de una válvula cardiaca y una larga y complicada convalecencia, con lo que me ocurrió un poco antes. Creo que ayuda a entender todo lo milagroso que me ha ocurrido. Además, es lo que recuerdo mejor.

Un día  por la mañana del mes de marzo del año pasado (27 de marzo de 2008) tuve  un pequeño desvanecimiento. No le di importancia. Mi marido, que estaba presente en casa en el momento de la lipotimia, quiso llevarme, por consejo de un amigo suyo,  a un médico de medicina general. Fuimos a la semana siguiente (7 de abril, Dr. José M. Catalá) y simplemente por auscultación me indicó que veía problemas en mi corazón. Solicitó que me hicieran un estudio cardiográfico (Eco doppler color).

  Retrasamos la petición porque tenía unas visitas periódicas al dentista en las siguientes semanas. El verdadero motivo era por el miedo que sentía. A mediados de junio, la doctora que realizó la ecografía del corazón  (Dra. Cardona, de «Cruz Blanca», 17 de junio) se alarmó mucho. Me dijo que podía sucederme algo muy grave en cualquier momento. Diagnosticó una «estenosis aórtica», de tipo  «moderada importante».

Al día siguiente, un cardiólogo del mismo equipo confirmó el diagnóstico (Dr. Carrera, de Cruz Blanca, 18 de junio). Nos dijo que era necesario un cambio de válvula del corazón. Ante mis reparos y mi gran miedo, en parte incomprensible, porque ya había sufrido otras intervenciones quirúrgicas, finalmente nos indicó que podía esperar unos meses. Aplazábamos la operación, por si  se estabilizaba el estrechamiento de la válvula  o incluso si desaparecía No obstante, nos advirtió que había el peligro de que el paso de la válvula se estrechara más. Incluso existía el peligro de una «muerte súbita». En cualquier caso, si me volvía a desmayar tenía que ir a urgencias rápidamente.

Pasé todo el verano, sin problemas, pero comencé a tener dolores en el pecho y en el corazón. Había momentos que me encontraba muy mal. Calmaba el dolor con aspirinas.

En octubre, mi marido me dio para leer el libro Sor Patrocinio, de Sor María Isabel de Jesús, que acababa de publicarse (Editorial Homolegens, 2008). Se lo había enviado el director de la editorial, junto con otros libros para reseñar en la revista que dirige (D. Javier Paredes, editor de esta nueva edición; la revista es «Espíritu»). Me entusiasmó al igual que mi marido, que lo leyó inmediatamente después que yo lo terminara.

Los dos misteriosamente nos sentimos además movidos a tener especial devoción a la Sierva de Dios. Cada día después del rezo del rosario en familia, recitábamos una oración a Sor Patrocinio, que había encontrado mi marido en Internet. Pedíamos  por lo que me estaba ocurriendo. Sin que perdiera el miedo, o mejor la angustia, y confiando en que hubiera desaparecido el problema y todo hubiera sido una falsa alarma, acepté visitar de nuevo al cardiólogo.

El mismo día de la visita (17 de noviembre) me hicieron otra ecografía del corazón y el resultado fue idéntico al anterior. El médico nos envió a un cirujano (Dr. Alberto Castro, de la Clínica Sagrada Familia, Barcelona). Yo me negaba a operarme. Tenía mucho miedo que aquello no saliese bien, que pasará algo. No puedo explicar adecuadamente lo que sentía, pero había perdido la paz y la alegría.

Aquella misma semana acompañe a mi marido a un viaje a México, con una estancia de pocos días (20-25 de noviembre). Eudaldo tenía que impartir unas clases en un master, en el Centro Fox, en Guanajuato. Recuerdo que durante el viaje, Sor Patrocinio nos solucionó pequeños problemas. Mi marido llevaba el libro de su vida, que no había terminado de leer. La Sierva de Dios nos acompañó siempre. 

En la ciudad de México  tuve la oportunidad de comunicar mis temores a un buen amigo nuestro, el Dr. Manuel Ocampo Ponce y a sus padres, D. Manuel y Dª Gloria. D. Manuel, doctor en medicina y en filosofía, también me aconsejó la operación. Le regalamos el ejemplar del libro de Sor Patrocinio, que llevábamos.  Le pedí que me encomendara a ella y a la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias. Con gran sorpresa nuestra ya conocía esta advocación mariana. Le había llegado una estampa de la Virgen del Olvido de una manera “casual”. Se había encomendado a Ella, sin saber nada más y la Virgen, como había prometido a la santa monjita, no le negó sus peticiones. No obstante, yo no estaba tranquila y continuaba teniendo mucho miedo

Después del viaje, acompañé a mi marido en una conferencia que tenía que dar en Madrid. Lo que me permitió encontrar a varios amigos, como a José Manuel Burgos (director de ediciones Palabra), al amigo Daniel, de FASTA, y a varias amigas del  instituto secular Cruzadas de Santa María. A todos les hablé de Sor Patrocinio y les pedí que me encomendaran a ella. Además volví a releer el libro de la Sierva de Dios, que ya no pude terminar.

A la semana siguiente visitamos al cirujano  (Dr. Alberto Castro, 1 de diciembre). Me aconsejó que me operara lo más rápidamente posible. Ante mis temores, me aseguró que no había casi riesgo. Era como una intervención de apendicitis. Me volvió a repetir, como el cardiólogo, que se  calculaba que sólo se daban complicaciones en un tres por ciento de los casos. Mi miedo, era todavía mayor. Era algo muy extraño y profundo.

 Temía también por los dos días, que me explicó que tendría que permanecer en la UCI para recuperarme de la operación. No sé porqué, pero temía esta recuperación y me veía llena de tubos y atada a una cama.. Comunicaba casi diariamente mi pavor a mi amiga de la infancia Mari Carmen  (María del Carmen Antoja), prima hermana de mi marido. El doctor fijó la fecha de la operación para al cabo de unos días (18 de diciembre), mucho antes de lo que me había dicho al principio. En los días siguientes, tuve que visitar a un médico auxiliar y a la encargada de las enfermeras del equipo del cirujano. Me notaron mi inquietud y nerviosismo. Intentaron tranquilizarme, al igual que mi marido, pero no desparecía mi angustia y tristeza. Recuerdo que estando a solas en casa lloraba.

De mi pánico ante los próximos días fueron testigos  muchos amigos de mi marido, asistentes a un congreso de filosofía, en Alcalá de Henares (V Congreso Nacional de Filosofía Medieval, SOFIME, días 12, 12 y 13 de diciembre). Había acompañado también a Eudaldo en este viaje, porque en mi situación no quería dejarme sola.   Después he sabido que  todos estos buenos amigos se interesaron por la operación y mi estado. Habían notado que estaba muy preocupada y como si barruntaba que algo qno saldría bien. 

Durante los días del congreso en Alcalá, queríamos ir  a visitar la tumba de Sor Patrocinio. El mismo tren de cercanías que nos dejó en Alcalá finalizaba su trayecto desde Madrid en Guadalajara. No nos fue posible por falta de tiempo, pero sentíamos como una conexión o relación especial con todo lo referente a la Sierva de Dios y así mi marido lo comunicó a algunos de sus amigos.

El día anterior de la operación (17 de diciembre), tuve que ingresar ya al mediodía en la clínica (Clínica Sagrada Familia, de Barcelona) para que me hicieran una coronografía por escáner (TAC), y era preciso que pasara aquella noche en observación en una habitación. Al día siguiente por la mañana me llevarían al quirófano.

Estaba muy asustada. Además muy triste. Me daba miedo también la recuperación, pero confiaba en Sor Patrocinio, porque el día anterior (16 de diciembre) había ocurrido un hecho que tengo por providencial o mejor milagroso. Mi marido aquel día (16 de diciembre) viajó a Madrid  muy temprano, en el primer avión del puente aéreo, para impartir unas clases de un master. Ya terminadas, comió con D. Javier Paredes.

Durante la conversación con su amigo, Eudaldo le habló de mi intervención del día siguiente, de mis temores y de mi devoción a la Madre y a la Virgen del Olvido. D. Javier, a quien no conozco personalmente, le contó que podía conseguir una importante reliquia, el mitón de la mano derecha de Sor Patrocinio, que había hecho recientemente dos curaciones extraordinarias. En aquel momento la tenía un amigo suyo  (Raúl Sandoval).

En el mismo restaurante en el que comía con mi marido, el profesor Paredes pidió permiso por teléfono a la Madre abadesa del convento concepcionista de Guadalajara. También habló con ella mi marido.  Seguidamente  Eudaldo me  comunicó la buena noticia  y me  informó del retraso que sufriría su  vuelta, prevista  aquel mismo día a las cinco de la tarde. Me apenó, porque me encontraba muy sola.  Recuerdo que me puse muy nerviosa.

El profesor Paredes y mi marido  conectaron por teléfono con el amigo común Raúl (D. Raúl Sandoval). Tenía la reliquia en su domicilio. Eudaldo (mi marido) fue a buscarla. El buen amigo Raúl, a quién he conocido después en Guadalajara, se la dejó y le entregó además varias estampas, una pequeña imagen de la Virgen del Olvido, un folleto sobre su vida (Fray Juan Bautista Gomis, O.F.M., La sierva de Dios Venerable Sor Patrocinio, Guadalajara, 1987) y el librito con la Imagen de la Virgen en la cubierta (Cristina María Ruiz-Alberdi Fernández y Carlos Vidal Martínez, Virgen del Olvido y Sor Patrocinio, Guadalajara, 2007, 2ª ed.).

Recuerdo claramente que cuando llegó mi marido, y después de ir a la Misa de las 20,30, más tarde de la que vamos habitualmente, me paso el mitón en la parte del corazón. Igualmente, al día siguiente, ya en la clínica, rezamos a Sor Patrocinio, pero ya con las oraciones, que Eudaldo había traído de Madrid y ante la pequeña imagen de la Virgen del Olvido.

Cuando por la tarde me estaban haciendo la prueba, mi esposo me leía en voz alta el texto de la aparición de la Virgen a Sor Patrocinio (13 de agosto de 1831). Consideré que fue un gran don, obtenido por la intercesión de la Sierva de Dios,  el que, ya al atardecer,  viniera a visitarme el sacerdote de la clínica (D. Ramón Casajust). Después de hablar conmigo, me dio la comunión..

Aquel día, pasé muy mala noche, a pesar del tranquilizante que me suministró la enfermera. Al día siguiente me vinieron a buscar, antes de la nueve de la mañana. Mi marido me pasó varias veces el mitón y las estampas de la Virgen del Olvido y la Madre Patrocinio. Me acompañó hasta el ascensor, mientras yo  temblaba y lloraba. El apenado intentaba darme ánimos y pedirme que no me olvidara de Sor Patrocinio.

En el quirófano me sentí muy sola y con mucho frío. Sólo podía rezar jaculatorias. Ya no recuerdo nada más. Ni de los días que estuve en coma, ni de la mejoría de mediados de enero (19 y 20 de enero, fechas de la toma de hábito, 1928, y de profesión religiosa de Sor Patrocinio, 1929). Tampoco puedo acordarme de las visitas diarias a últimas horas de la tarde de P. Mariano Sanfélix, promotor y director de la Televisión San José de Barcelona, para rezar el Decenario de Invocación al Espíritu Santo. Terminaba siempre pasándome el mitón de Sor Patrocinio y rezaba la «Oración para impetrar del Señor la Beatificación de la V.M. Patrocinio» y a la «Virgen María del Olvido, Triunfo y Misericordias»

El único recuerdo  que conservo y muy difuso es el de mi marido de pie a mi lado en el box de la UCI, rezando  letanías a la Virgen y que yo intentaba responder. También la pequeña imagen de la Virgen del Olvido, que estaba encima de la máquina, que me hacía respirar. En cambio,

Recuerdo asimismo la estampa de Sor Patrocinio al lado de uno de mis brazos, que como casi todo el cuerpo no podía dirigir ni mover. Del momento que desperté del estado de coma, el último martes de enero (27 de enero, fecha del fallecimiento de Sor Patrocinio -martes, 27 de enero de 1891-) tampoco me acuerdo. Si, en cambio, del día de mi cumpleaños (9 de febrero) y de los muchos obsequios de mi prima Mari Carmen y de las monjas de Guadalajara. También del momento en que volví a recibir la comunión, gracias a D. Ramón, que parece ser también me visitaba diariamente (11 de febrero) para rezar.

Siento mucho no recordar casi nada del personal sanitario, ni de los médicos ni de las enfermeras. Me ha quedado sólo en la memoria que me trataron muy bien, con mucho cariño y delicadez. También algunas imágenes agradables de la enfermera de la mañana  Carmen y tres del turno de la noche, cuyos nombres desconozco.

Guardo ya más recuerdos de cuando fui trasladada de la UCI, en ambulancia, al Hospital Platón (26 de febrero). No me era difícil comprender lo que me contaban que había sucedido.  Había estado al borde de la muerte, pero la Virgen del Olvido había sido mi médico, Sor Patrocinio, la enfermera y las monjitas de Guadalajara, las auxiliares, ayudadas por muchas medicinas,  las incontables oraciones de mi marido, mis hijos e hijas, familiares y amigos.

Mi marido consiguió que,  partir de mediados de marzo (16 de marzo), el tratamiento de rehabilitación lo pudiera realizar en mi domicilio. Aquí continuó progresando en la recuperación de toda la parte derecha de mi cuerpo, que voy moviendo muy lentamente y con muchos dolores  (De una hemiplejia inicial, o parálisis total, pasó a una hemiparesia, o parálisis parcial). Muchas veces me impaciento por la lentitud de los progresos e incluso me han dado dos o tres ataques de nervios.

Tengo también problemas para recordar algunas palabras y para leer, aunque voy mejorando. Puedo ya leer alguna línea y habló con mayor claridad y soltura (secuelas de la hipóxia o falta de suministro de oxigeno, que sufrió en la intervención de diciembre). No obstante, he olvidado muchas oraciones vocales. Procuro en su lugar decir jaculatorias. Además, puedo rezar el rosario, aunque no me acuerdo de memoria de los misterios.

Al principio me trataba una logopeda. Al poco tiempo me negué rotundamente a continuar con ella, ni con otra, que me buscó mi marido. Me molestaba su actitud hacia mí y todas sus preguntas. Me cansaban y me ponían muy nerviosa. El médico (el neurólogo Alberto Lledó) le pareció muy bien y me dijo que lo importante es que estuviera tranquila

Como dispongo de mucho tiempo para pensar, a veces, me preguntó porque me ha ocurrido esto a  mí. Pienso también que el proceso de resuperación se terminará y quedaré como ahora. Ya sé que los médicos han dicho, y yo misma lo he oído de ellos,  que todo el proceso de curación es algo «extraordinario», una «excepción» de las leyes de la medicina, que de Helena «se lo creen todo», que es algo «increíble», que no tendría que estar de pie, ni hablar, o que debería estar casi en estado vegetativo. Sin embargo, también a veces tengo miedo de que no me recuperé completamente. Igualmente, pierdo la paz al pensar que causo mucho trabajo, sobre todo a mi marido. Me duele no poderle ayudar. Me siento alguna vez como una carga pesada. En todas estas situaciones me ayuda especialmente acudir con una jaculatoria a Sor Patrocinio y a la Virgen del Olvido y hablar con mi marido, que nunca me deja. Últimamente me va muy bien llamar por teléfono –ya puedo marcar los números- a las monjas de Guadalajara. Las conversaciones con la Madre Triunfo y Sor Concepción me animan y me permiten tener presente que Sor Patrocinio me ha salvado. Ahora comprendo el porqué mi marido durante toda mi curación y mi convalecencia las llamaba cada día.

Sé que he vivido un milagro, por la intercesión de Sor Patrocinio, al producirse mi curación fuera de las leyes normales de la medicina y de un modo temporal y sucesivo, aunque con mayor rapidez con la que podrían actuar los medicamentos. Sé que, gracias a este milagro, quedaré completamente normal y que no me quedarán secuelas. Estoy convencida de que no he hecho nada para merecerlo, pero si que tengo una mayor responsabilidad en ser más fiel a todas las gracias de Dios, por haber experimentado este don gratuito recibido.

            Deseo por último, destacar dos momentos especiales de estos dos meses de recuperación. El primero ha sido el viaje a Guadalajara, al convento de las concepcionistas franciscanas (los días 25, 26 y 27 de abril). Mi marido y mis hijos, según me han contado,  poco después de conocer el resultado negativo y muy grave de mi operación y de pedir la ayuda de Sor Patrocinio para que consiguiera de la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias mi curación, hicieron una promesa. Si obtenían este milagro de la Sierva de Dios harían tres cosas: 1º  Informarían y proporcionarían toda la documentación médica para que sirviera para su causa de beatificación; 2º harían todo lo posible  con acciones, donativos, etc. para que fuera pronto declarada beata; y 3º Viajarían a Guadalajara conmigo para celebrar la próxima fiesta de su nacimiento en el convento concepcionista, en donde está enterrada, (27 de abril). Las tres promesas las han ido cumpliendo y, si Dios quiere, continuaremos todos manteniéndolas.

            Junto con Eudaldo, mi marido, y Jacinto, Eudaldo y José María, mis tres hijos,  mis dos nueras, Noemí y María, y Teresa (futura esposa del hijo menor, José María)  y mi nieto Miguel, de nueve meses (hijo de Jacinto y Noemí),  pude dar gracias a la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias, que está en el retablo de la iglesia del convento. Mi impresión fue que estaba viendo algo del cielo. Mi hijo Jacinto le pareció el primer día que su cara era más bien triste, pero al día siguiente, que sonreía. Mi marido me dijo que, al mirarla con los anteojos, que le dejó la Madre abadesa, le daba la sensación que era de carne y hueso.

También debo confesar que me conmovió igualmente la Misa del día de la fiesta de Sor Patrocinio. Todavía recuerdo el canto de la «Salve a la Virgen del Olvido» y la estrofa: «Madre del que sufre… Madre del que llora. // Madre del que acude, y a tus pies implora.». Parecía que expresara lo que había vivido y también la de toda mi familia que me acompañaba.

            Otra gracia muy especial fue la de poder estar en el comulgatorio de la iglesia y tocar y besar el sepulcro de sor Patrocinio, junto con la Madre Triunfo, la abadesa Sor Concepción,  la madre vicaria, Sor Sagrario, la más mayor, y Sor Berta, Sor Cecilia y sor Verónica. Ellas, que tanto habían rezado, y especialmente en aquel lugar, en el que reposaban sus restos, con los de la mano que había usado el mitón, que me había acompañado en todo este largo  proceso de mi operación y curación milagrosa, que voy refiriendo. Intentaré resumir todo lo que sentía diciendo que me encontraba muy bien allí, y que todo me resultaba como muy conocido o familiar. Sólo quería mirar el sepulcro y casi no me fije en la hermosa pintura que reproduce la aparición de la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias.

            Podría relatar otros muchos momentos que me afectaron profundamente. La dulzura, el cariño, la amabilidad y las múltiples atenciones de las seis monjas, no se me olvidará nunca. Igualmente el haber conocido a Cristina Ruiz-Alberdi, presidenta de la Asociación Virgen del Olvido, y a otras dos señoras de la misma, Pilar y Carmen. Conocí también a Raúl, que ha tenido un papel tan importante en la historia de mi curación. Si durante los dos meses y medio que estuve en la UCI, Eudaldo sentía la presencia espiritual y misteriosa de Sor Triunfo, Sor Concepción y de las otras cuatro monjitas, que acompañaban a su madre Sor Patrocinio, ahora yo me uno espiritualmente a sus oraciones delante de la Virgen del Olvido y en el sepulcro de la santa madre.

            El segundo suceso que igualmente  me ha conmovido interiormente ha sido la visita a mi entrañable amiga y confidente de toda la vida, Mari Carmen Antoja. No era fácil verla, porque en la actualidad vive en Barbastro. Gracias a Dios, hace unas pocas semanas, pude pasar con mi marido unos días con ella y su familia (1, 2y 3 de mayo). Mari Carmen, junto con las monjas concepcionistas y el Dr. Ocampo fueron los tres apoyos humanos de mi marido para mantener su fe y esperanza en el milagro de Sor Patrocinio. Durante los tres meses de mi permanencia en el hospital tuvo contacto telefónico diario con los tres. Este encuentro con mi amiga me permitió poder visitar el Santuario de Torreciudad. Pude ver en una galería de la cripta la Virgen del Olvido y fotografiarme con Mari Carmen delante de esta reproducción de la Virgen, traída en peregrinación.

            Podría continuar  contando pequeños sucesos, en los que notó la intervención  de Sor Patrocinio y de la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias. Estoy convencidísima que todos ellos forman parte de un único milagro, que se extiende en el tiempo y que culminará en mi curación completa. Mientras sé que, además de tener paciencia con el tratamiento, que recibo, que incluye desde numerosas medicinas hasta complejos ejercicios físicos, debo mantener la confianza. El camino se me hace difícil, sobre todo por su duración. El tiempo lo hace dificultoso. Sufro por el trabajo que continuó dando, sobre todo a mi marido. A veces también tengo miedo de que se paralice el milagro de Sor Patrocinio. Pido siempre, por ello, ser fiel a todas las gracias recibidas, a las actuales y las que, por la Misericordia de Dios,  espero recibir.

Barcelona, 27 de mayo de 2009

Helena Costa Carrera

 

 

 



Un milagro el día de la Virgen de Lourdes
María del Carmen Antoja
Quiero compartir mi alegría con todos vosotros, hoy he sido feliz.

La historia es un poco larga, en otras ocasiones os pedí oraciones por la salud de prima Helena ¿lo recordáis? Seguro, sé que muchos habéis rezado por ella, nuestras oraciones han sido escuchadas y hoy Helena ha hablado, esto no sería nada especial si no fuese porque el pasado día 27 de Enero despertó del estado de coma en el que se encontraba a causa de una fallida operación de corazón realizada el día 18 de Diciembre pasado. Los partes médicos siempre fueron negativos, después de superar milagrosamente un fallo multiorgánico y una necrosis de los riñones el último diagnóstico fue hace tres días, el neurólogo dijo, tras analizar la resonancia magnética, que nunca hablaría. Su esposo Eudaldo Forment, Catedrático de Metafísica de la UB, primo hermano mío y yo nunca dudamos que Dios por la intercesión de Sor Patrocinio haría un milagro, y así a sido, Helena razona perfectamente y puede hablar, lo primero que hecho ha sido rezar el Avemaría con su marido. Eudaldo me ha telefoneado para decirme ¡Helena habla! Estas palabras han sido suficientes para que mi corazón saltara de alegría, entonces recordaba a Eulana, la joven italiana a la que mataron de sed, que tristeza pensar que su familia no la quería en su estado. El caso de mi prima Helena ha sido un canto a la vida, un acto de fe y esperanza que ha sobrepasado todos los límites humanos, mi primo me decía que los médicos debían pensar que él se había vuelto loco, porque cuando le daban malas noticias las encajaba con una serenidad inaudita, Eudaldo les contestaba muy bien, muy bien, yo estoy esperando un milagro. Las monjas del convento del Carmen de Guadalajara no han dejado un momento de rezar por Helena, sin conocernos personalmente se han volcado en el caso de mi prima con un cariño increíble, éste ha sido otro milagro de Sor Patrocinio, a la monja de las llagas la hemos conocido justo antes de la operación de Helena y desde Guadalajara le mandaron a mi primo las reliquias de la sangre de las llagas de Sor Patrocinio, realmente todo ha sido un milagro.

Gracias por vuestras oraciones.
 

 

 



 

 

Mi encuentro con Elena Costa
Maria Lourdes Amblar Belloch  - Religiosa Teresiana

Me notificaron que la operaban del corazón.
Cuando has tenido en la clase a una alumna, aunque haya pasado muchos años ¡no la olvidas, porque la llevas en el corazón…!
Preguntaba, me interesaba… quería verla, pero la prudencia me decía que debía esperar…
Las cosas se complicaron, las noticias no eran buenas… yo rezaba, preguntaba… tenia una buenísima amistad con una Dra. que por suerte estaba en la UCI, ella me decía: “… las situación es muy complicada, el riñón casi no funciona, ¡esperamos lo peor…!
Sin embargo su familia, reza, a Sor Patrocinio sin interrupción, con esperanza.
Un martes 30 de diciembre del 2008, me acerqué a la Clínica, para preguntar por Elena y tuve la alegría de que estaba la Dra. a la que yo conozco y me propuso pasar… me puse la bata y…con un gran respeto y cariño entre en el box.  ¿Qué era lo que tenia ante mis ojos? No era Elena, era un bulto “deforme”, las constantes disparadas… el riñón  al mínimo… ¡Pero la vi! Pedí al Señor por ella, Él sabía mejor que yo lo que ella necesitaba…
Pasaron varias semanas (rezaba, preguntaba) hasta que a finales de Enero del 2009 tuve ocasión de cambiar impresiones con la Dra. y me dijo: Lourdes tienes, que venir a ver a Elena, ¡No la vas a conocer! le dije que cuando ella me dijera y aquel mismo día , volví a entrar en aquel box, que para mi fue completamente distinto:
“Elena sentada con una expresión de cariño, me miraba…es verdad que vislumbré en sus ojos emoción, nerviosismo… pero era ella…
Mi corazón me hablaba… “SEÑOR, TÚ ERES EL DUEÑO DE LA VIDA” La besé y no pude decir nada más. Allí estaba uno de sus hijos rezando el Ángelus y mirando a su madre…
Salí emocionada y dando Gracias a Dios por la VIDA.


 

 

Mª del Carmen Antoja Giralt
 Helena Costa Carrera
Eudaldo Forment Giralt

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Informe médico del caso de la Sra. Doña Helena Costa Carrera

Por:  Dr. Manuel Ocampo Ponce.

15 de Mayo de 2009.

En las siguientes líneas me propongo dar testimonio de lo sucedido a Doña Helena Costa Carrera, esposa  del  Sr. Dr. Don Eudaldo Forment Giralt y madre de tres hijos.

En noviembre del año pasado (2008) en un viaje que realizaron el Dr. Forment con Helena a México y en el que pudimos compartir algunos momentos en la casa de mis padres en Cuernavaca, Morelos México nos platicaban que Helena había presentado algunos problemas cardiacos específicamente relacionados con una válvula que había que colocarle en el corazón. En la plática nos manifestó que el médico le había informado que la operación tenía un índice muy bajo de riesgo 3% por lo que aun cuando se trataba de una operación delicada, animamos a Helena para que se sintiera mejor para realizar dicha operación que se llevaría a cabo en el mes de enero de 2009. A los pocos días de haber regresado a Barcelona nos avisaron que el médico había recomendado a Helena adelantar la operación por algunos riesgos que estaba corriendo, de modo que fue programada para el día 18 de diciembre.

Ese día todos sus amigos y familiares estuvimos pendientes de la operación pero al llamar al Doctor Forment  para preguntarle por el resultado de la operación, me informó que desafortunadamente había tenido complicaciones una hora después de haber sido operada y cuando todavía se encontraba en la sala de recuperación.

Las noticias eran totalmente desalentadoras ya que estando en la sala de recuperación sufrió un paro cardiaco por lo que tuvieron que reanimarla. El problema fue que en el procedimiento de reanimación se produjo un infarto y el desplazamiento de la válvula recién colocada por lo que tuvieron que regresarla a quirófano para cambiarle la válvula…lo cual significaba volverla a anestesiar y a intervenir quirúrgicamente… Durante el procedimiento se advirtió un daño neuronal severo que la dejó en estado de coma…con un pronóstico muy poco alentador…al cabo de los días ella no respondía a ningún estímulo por lo que incluso se llegó a contemplar que como su daño era tan grande, quizá habría que desconectarle pronto del respirador y las sondas para alimentación…Sin embargo las oraciones y la fe del Dr. Forment y de todos sus amigos y familiares incluidas las religiosas Concepcionistas Franciscanas Descalzas de Guadalajara, España a quienes el Dr. Forment  estaba haciendo un comentario sobre un libro de una monja del S. XIX llamada Sor. Patrocinio quien se encuentra en proceso de beatificación, todas estas personas decidimos encomendar el caso a Sor Patrocinio para que intercediera ante la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias y ante Dios por la salud de nuestra muy querida Helena quien por cierto se había entusiasmado mucho con la vida de Sor Patrocinio…Sin embargo, aun con las oraciones a los pocos días se le diagnosticó a Helena una septicemia, es decir, una infección generalizada que afectaba pulmones, hígado, riñones, etc. cabe resaltar que en los análisis de los riñones salía creatinita lo cual significaba un grave daño renal….el panorama era terrible al punto que los médicos nos expresaron que era cuestión de horas…de modo que hablando con el Dr. Forment y convenciéndolo de la gravedad del caso yo mismo dije que le hablaría en unas cuatro horas más a España porque no dábamos más de cuatro o seis horas de vida a Helena…sin embargo continuamos en la oración y siempre con la esperanza sobrenatural de un milagro que era anunciado por las monjitas del convento de Guadalajara, España… de modo que después de unos días fue cediendo la infección pero el daño a los órganos vitales era grave por lo que los médicos prácticamente no nos dieron esperanzas de recuperación alguna… Cuarenta días estuvo Helena en coma con el Dr. Forment luchando diariamente, hablándole, estimulándola y con la oración de todos, pero sin resultados …Hasta que cerca de las fechas del aniversario de la muerte de Sor Patrocinio (27 de enero) en que sus hermanas Concepcionistas Franciscanas nos habían dicho que se recuperaría, Helena empezó a responder a algunos estímulos y recuperó la conciencia y movilidad entre el 27 y el 28 de enero de 2009…de allí fue pudiendo respirar en intervalos por si misma y sin el respirador y también fue pudiendo aceptar alimento…hasta ser dada de alta.

Actualmente ha recuperado prácticamente todas sus funciones y se encuentra en rehabilitación para lograr reponerse por completo de todo lo que significó ese doloroso proceso.

Esto es  mi testimonio ante Dios, ante la Virgen del Olvido y Sor Patrocinio en un resumen muy escueto y sin lujo de detalles del proceso de la enfermedad y milagrosa curación de Doña Helena Costa Carrera, esposa del Dr. Don Eudaldo Forment Giralt, amigos ambos muy queridos desde hace ya más de una década.

Agradezco infinitamente a Sor Patrocinio, a  Nuestra Señora del Olvido Triunfo y Misericordias por el favor recibido y a todos nuestros amigos y amigas especialmente a las Hermanas Concepcionistas Franciscanas descalzas del convento de Guadalajara, España por sus oraciones,  al Doctor Eudaldo Forment, a Helena y a sus Hijos por su fe, por su testimonio de fortaleza y de perseverancia que ha sido un gran ejemplo para todos.

                                                                                                  Manuel Ocampo Ponce
                                                                                                  México, D.F., 15 de mayo de 2009.

 

 

 

Testimonio de Francisco Martínez Porcell

Me llamo Francisco. Hace unos días nuestra quinta hija me refirió dos sucesos milagrosos acaecidos hace muy poco en la curación, una muy reciente, de las madres de dos amistades suyas con quienes coincide en el grupo de jóvenes de Mn. Joan Costa en la parroquia del Roser en Barcelona. Una de estas amistades es uno de los hijos de Eudaldo Forment. Estoy enterado del coma de Elena y de su recuperación. Independientemente que Eudaldo Forment dirigió la tesis doctoral de mi hermano sacerdote Juan hace unos años, a él lo recuerdo por otra cosa. Compartíamos turno de adoración nocturna en el Tibidabo, casi siempre con él y otra persona: el también catedrático que ya está en el cielo Josep M Petit.

Cuando Montse me dijo hace muy pocos días que el milagro en la curación de Elena sería el milagro necesario para la beatificación de Sor Patrocinio, me pregunté ¿quién es Sor Patrocinio? Sé algo de ella hace un rato al conectarme a Internet. Pero sé más sin saber. Una amiga de una amiga mía, enferma de cáncer con niños pequeños, ya se ha interesado por Sor Patrocinio después de referirle a mi amiga el caso de Elena y la intervención de Sor Patrocinio. Quiere conocer su historia. Así que lo mejor que puedo hacer y debo hacer, aparte de rezar, es dar a conocer la página web y la carta con el testimonio de Elena.

Puedo hacer otra cosa. Yo padezco esclerosis; mi amiga esclerodermia. Podemos los dos, sin caer en beaterías, ni eclipsar nuestras devociones, yo por San Ignacio y mi amiga Ana por Santa Maria Magdalena, descubrir también a Sor Patrocinio y ayudar a Rosa para que la descubra.

Barcelona, 18 de junio de 2009

 

 
 

Petición de Gonzalo Fernández Hernández, Valencia

Reverendas Madres: Les ruego pidan a Sor Patrocinio su intercesión ante Nuestra Señora para que Ella nos encomiende a su Divino Hijo y obtenga de Su Divina Majestad estas gracias si convienen. (Siguen peticiones personales que omitimos por respeto a la intimidad debida).

Valencia, 29 de julio 2009

 

 

Mensaje de Zelmira Seligmann, Buenos Aires, Argentina

Soy de Argentina, de la Ciudad de Buenos Aires, he leído en internet algunas cosas de Sor PAtrocinio y de su devoción a la Sma. Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordia.
He visto la Novena en internet y sobre todo tengo gran admiración por Santa Beatriz de Silva y su congregación. Quisiera recibir más información y me encantaría tener una estampita de la Sma. Virgen y la imagen de Sor Patrocinio para encomendarle la Iglesia de mi patria.
Por todo muchas gracias, me encomiendo a sus oraciones.
 
Buenos Aires, 1 de agosto 2009

 

   

TESTIMONIO MANUSCRITO DE ALBERT MESTRE LC (formato PDF)

31 de agosto 2009
 

La inexplicable curación de un niño español

 Alfa y Omega > Nº 656 > Aquí y ahora
30 de septiembre 2009

El caso se encuentra ya en manos del Postulador de la Causa de canonización de Juan Pablo II

Avisamos a los lectores de que la historia de Chema, aunque puede parecer un relato de ficción, es tan real como los expedientes médicos que demuestran que la curación de este niño español de 5 años, enfermo de una dolencia incurable, es inexplicable para la ciencia. Sus padres, sin embargo, dicen saber dónde está el secreto: en la intercesión de Juan Pablo II. Hace sólo unos días, el ex portavoz del Vaticano, don Joaquín Navarro Valls, confirmaba que el difunto Papa podría ser proclamado santo a finales de 2010. Y quizá tenga que ver en ello el caso de esta familia, que ya está en manos del Postulador de la Causa de canonización del Pontífice

Será porque quien suscribe no puede dejar de pedir que Dios le aumente la fe, pero les garantizamos que aún estamos en estado de shock. Cuando miramos a Chema, el niño de 5 años que camina, ríe y trota por las calles de Madrid cogido de nuestra mano, nos cuesta asumir que es el mismo crío que hace unos meses estaba atravesando un calvario de dolores, luchando por mantenerse en pie y con la única perspectiva de pasar el resto de su vida con casi la mitad del cerebro extirpado. La cicatriz que tiene un poco por encima de la nuca -una llaga de 20 centímetros, causada durante los seis días en coma inducido que pasó en julio, en los que los enfermeros posiblemente no le movieron lo suficiente- nos recuerda, sin embargo, que Dios puede hacer lo que quiere, como quiere y con quien quiere, aunque se escape a nuestras entendederas. ¿Qué le ha ocurrido, entonces, a este niño, para que haya pasado de no poder tenerse en pie a darnos un abrazo enorme, de los que duran hasta Navidad, cogido con fuerza a nuestro cuello? Por partes, que su historia no es de las que se despachan en dos líneas.

 Una terrible y rara enfermedad

Chema es el segundo hijo de Concepción e Ignacio. Nació con hidrocefalia, en la provincia de Murcia, pero, después de un correcto tratamiento, terminó por ser un niño como cualquier otro. En marzo de 2009, después de que unos espasmos físicos diesen la voz de alarma, le fue diagnosticada una rara y terrible enfermedad: el síndrome de Rassmussen. La enfermedad, de tipo autoinmune, provocaba que su propio cuerpo no reconociese su cerebro y empezase a atacarlo. Como resultado, el hemisferio derecho de su cerebro se inflamó y comenzó a paralizársele el lado izquierdo del cuerpo. «El niño es presa de convulsiones continuas en su lado izquierdo, no cesan ni cuando duerme. Lleva meses teniendo convulsiones; algunas son dolorosas, otras no le permiten hablar, y otras le afectan al ojo, molestándole continuamente», relataba Concepción, en un correo electrónico que envió, el 18 de julio, solicitando oraciones. En todo el tiempo que duró la dolencia, «Chema ha llevado su enfermedad con una paciencia extraordinaria, alegría de corazón y soportando cualquier pinchazo y tratamiento sin derramar una lágrima ni enojarse por su situación. Su padre y yo estamos orgullosos y maravillados con él, y damos gracias a Dios y a la bendita Virgen María, que le están acompañando todo este tiempo. Tenemos encomendado al niño a los continuos cuidados de la Virgen Milagrosa, y le hemos dado una medalla con esta advocación, que lleva en la venda que le cubre la cabeza», proseguía Concepción.


El neurólogo del hospital murciano en el que estaba ingresado derivó a los padres al Hospital Niño Jesús, de Madrid, donde trabaja uno de los pocos médicos en todo el mundo que está especializado en síndrome de Rassmussen. La enfermedad le atacó con especial virulencia, y los síntomas que en otros niños tardan años en producirse, a Chema se le presentaron en pocos meses. Aunque fue tratado como exigía el protocolo médico, no se produjo la mejoría: «Ha sido tratado con muchos fármacos, le han hecho infinidad de pruebas, lo intentaron casi todo, pero sin resultado», explica ahora la madre, sentada en una terraza madrileña, junto a su m
arido y su hijo, que juega a levantarse y a sentarse en la silla, como cualquier niño de su edad.  

Hemiparésico de por vida

Cuando nos recuerdan lo que le sucedía hace sólo unos meses, parece que se refieren a otra persona: movimientos espasmódicos en la mano, en los pies o en las aletas de la nariz; no podía andar correctamente, y en ocasiones casi no podía ni hablar. Día a día, y ante la mirada de sus padres, se iba quedando hemipléjico del lado izquierdo. Por fin, los médicos dieron la única solución que se conoce para el síndrome de Rassmussen: extirpar parte de la mitad dañada del cerebro, en concreto, las zonas que controlan el aparato motor. De este modo, la enfermedad no avanzaría más, «aunque las consecuencias de la operación son una hemiparesia permanente en el lado izquierdo, perder funcionalidad en su mano (es posible que con una dura rehabilitación consiga agarrar, aunque no usar los dedos) y llegar a andar aún con un baile característico de su pie. Los daños mentales sólo serán evaluables después de la operación», relataba su madre, en julio. Sin embargo, «cuando no era por una cosa, era por otra, y le iban posponiendo la operación cada vez más, a pesar de que habían dicho que había que operarle con urgencia. Por fin, nos dieron fecha para la primera semana de septiembre», dice Ignacio.
Si el lector ha llegado hasta aquí, debe tener en cuenta un factor determinante: los cuidados médicos no eran los únicos que recibía el pequeño.

 Rezar como si estuviese curado

 En efecto, sus padres, abuelos y un inabarcable número de amigos y conocidos le dedicaban sus cariños y sus rezos. Concepción e Ignacio visitaban a diario la capilla del hospital, encomendaban a su pequeño a la Virgen y pasaban largos ratos ante el Santísimo, expuesto en la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, en Madrid, muy cerca del centro hospitalario: «Estábamos seguros de que Dios podía curar a nuestro hijo. Que sólo Él podía y que, si se lo pedíamos con fe, lo haría. Un día, mientras rezaba, escuché una cita de san Agustín que venía a decir que rezar con fe es rezar pensando que Dios nos quiere conceder lo que le pedimos, que ya nos lo ha concedido o nos lo concederá, porque, de hecho, por el Bautismo ya nos ha concedido el mayor milagro al convertirnos en sus hijos. A partir de ese día, empecé a pedir como si mi hijo ya se hubiese curado y sólo tuviese que manifestarse su curación».

 Eso sí, Concepción no sólo pidió la sanación de Chema. «Durante la oración sentía que Juan Pablo II podía interceder por Chema, y que el milagro que hiciese con él podría suponer la canonización del Papa». Así que comenzó a pedir la intercesión del Pontífice, sin decírselo a nadie. La sorpresa llegó cuando, al comentarlo con su marido, él le confesó que también pedía la intercesión del Papa. Ahora, con su hijo sobre el regazo, Ignacio cuenta que «siempre he tenido claro que Juan Pablo II es un santo, que podía interceder para que Chema se curase, y que merece que su santidad sea reconocida. Sabía que Juan Pablo II podía interceder para lograr un milagro». Casi no ha terminado de hablar cuando su hijo, de pie frente a la mesa de la terraza, le reclama para seguir jugando. E inevitablemente, uno recuerda el pasaje del Evangelio en el que la fe de la hemorroísa arranca un milagro a Jesús; o ese otro en el que, por la fe de su madre, Cristo resucitó al hijo de la viuda de Naím: «Muchacho, a ti te digo, levántate».

Una señal, de la mano de la Virgen

Los amigos y familiares que se acercaban al hospital comentaban a sus padres las plegarias que elevaban al santo de turno. Un día, mientras rezaba, Concepción se planteó cómo sabría que era Juan Pablo II quien había intercedido por su hijo, y no otro santo, en caso de que Dios les concediese el milagro. «Me vino a la cabeza la imagen de una Virgen. Todos traían juguetes, y a lo sumo alguna estampa, pero una figura de la Virgen no es el típico regalo para un niño hospitalizado. Así que si recibía una figura de María, sería como una señal de que el Señor aceptaba la intercesión del Papa. Y para no hacer trampas, no se lo conté a nadie. Sólo unos meses después lo supieron mi marido, mi hijo y mi madre», cuenta. A finales de agosto, «justo cuando había dejado de pedirla, el Señor quiso enviarme una señal: mi suegro me contó que una mujer, a quien yo no conocía, le había abordado a la salida de misa para entregarle una imagen de Nuestra Señora del Olvido, el Triunfo y la Misericordia, que se venera en Guadalajara y que Juan Pablo II había conocido años atrás, en el santuario mariano de Czestochowa, en Polonia». Se cerraba el círculo.

 Y se curó

En agosto, como los médicos se iban de vacaciones y no podían hacer el seguimiento, se fijó una nueva fecha para la operación, ya después del verano. Pero no hizo falta: un día, Chema empezó a mover el brazo. Después, las piernas. Y más adelante, se irguió con normalidad. Los médicos del Niño Jesús se lo confirmaron en septiembre a la familia: no se habían equivocado de diagnóstico, no tenían explicación médica, no sabían qué había pasado. «Nos dijeron que la Medicina no lo explica todo, que la enfermedad, simplemente, había desaparecido, y le dieron el alta al niño», dice la madre. Ahora, el niño reza desde su casa a la Virgen, juega con sus hermanas y ha empezado la vuelta al cole. Su caso está en manos de la Causa de canonización de Juan Pablo II. «Dirán que es o no un milagro -comenta su madre, con una sonrisa de oreja a oreja-. Lo que importa es que mi hijo estaba hemipléjico por una enfermedad incurable y se ha curado. Sé que Dios nos ha concedido un milagro y creo que ha sido por mediación de Juan Pablo II. Y quien no lo crea, que mire a Chema». Chema, con cara de pillo, nos mira, nos lanza un beso y nos dice adiós con la mano izquierda, mientras se va, corriendo, por las calles de Madrid. «El muchacho se levantó y se puso hablar; y Jesús se lo entregó a su madre», sigue el pasaje de la viuda de Naím...

 

José Antonio Méndez
 


 

 

Envía tu testimonio a info@sorpatrocinio.org